Piscina B (Carlos Alcolea)

Carlos Alcolea mostró, desde los inicios de los años setenta, un deseo por volver a la figuración en la pintura convirtiendo al agua en referente y obsesión de su obra, exponiendo ideas como, el agua nos mira, es el medio de la pintura.

El líquido elemento y las piscinas están presentes su poética, en sus obras y escritos -Aprender a nadar de 1980- como una iconografía constante que le llevó incluso a rodar un video sobre piscinas. En ellas, es evidente la dependencia de David Hockney, de su serie Piscinas de Beverly Hills y la influencia de la pintura Pop, patente en la ironía con la que retrata a las figuras, a los bañistas, reales o de ficción.

En el año 1970 pinta su primera obra con una piscina. Dos años más tarde continúa con los mismos intereses en esta composición donde retrata a una mujer en el momento de salir del agua.

El impacto del color destaca en la tela percibiéndose un contraste entre fondo y figura. El fondo de colores fríos y planos, dominado por la línea horizontal, se contrapone a la verticalidad de la figura femenina y con su cuerpo mórbido y cálido. Trabajada a partir de pinceladas sueltas, dota de diferentes tonalidades a la piel húmeda, bañada y modelada por la luz, que resbala por el cuerpo enriqueciendo las carnaciones, consiguiendo, en palabras de Juan Manuel Bonet, figuras con una superficie permanentemente relativizada.

El rostro distorsionado, oculto bajo las gafas de sol, convierte a la protagonista de la obra en una figura impersonal, anónima, inaccesible al espectador, revelándose como una inesperada metáfora de la vida de la misteriosa actriz sueca.

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El líquido elemento y las piscinas están presentes su poética, en sus obras y escritos -Aprender a nadar de 1980- como una iconografía constante que le llevó incluso a rodar un video sobre piscinas. En ellas, es evidente la dependencia de David Hockney, de su serie Piscinas de Beverly Hills y la influencia de la pintura Pop, patente en la ironía con la que retrata a las figuras, a los bañistas, reales o de ficción.

En el año 1970 pinta su primera obra con una piscina. Dos años más tarde continúa con los mismos intereses en esta composición donde retrata a una mujer en el momento de salir del agua.

El impacto del color destaca en la tela percibiéndose un contraste entre fondo y figura. El fondo de colores fríos y planos, dominado por la línea horizontal, se contrapone a la verticalidad de la figura femenina y con su cuerpo mórbido y cálido. Trabajada a partir de pinceladas sueltas, dota de diferentes tonalidades a la piel húmeda, bañada y modelada por la luz, que resbala por el cuerpo enriqueciendo las carnaciones, consiguiendo, en palabras de Juan Manuel Bonet, figuras con una superficie permanentemente relativizada.

El rostro distorsionado, oculto bajo las gafas de sol, convierte a la protagonista de la obra en una figura impersonal, anónima, inaccesible al espectador, revelándose como una inesperada metáfora de la vida de la misteriosa actriz sueca.